DE LA CÁRCEL AL PALACIO

 (Pastores Gonzalo y Andrea Sanabria).

 DE LA CÁRCEL AL PALACIO

miedo-libertadY el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó. Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño… Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón… y Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón” (Gén. 40:23, 41:1, 9 ,14). 

El texto de hoy nos deja ver una nueva decepción que José experimenta. Estando en la cárcel (y por el favor de Dios atendía todas las cosas allí), le correspondió servir a el jefe de los coperos y al jefe de los panaderos que el Faraón había enviado allí, además les interpretó sus sueños, los cuales se cumplieron a cabalidad. José pidió al jefe de los coperos que se acordará de él, pero éste lo olvido. Seguramente nos ha pasado también, que habiendo servido y bendecido a otros, éstos se olvidan rápidamente de los favores recibidos.

La Biblia dice “pasados dos años el faraón tuvo un sueño”. Caminar en los tiempos de Dios, es algo que debemos aprender, no era a los seis meses, ni a los cinco años, faraón tendría el sueño dos años después de salir el copero de la cárcel, así pues, en realidad el olvido del copero formaba parte del cronograma divino. Es en éste tiempo (José tenía 30 años de edad, Gén. 41:46) cuando el jefe de los coperos habló de José al faraón, y vemos a Dios usando diversos medios, recursos y personas para finalmente conducirnos a Su voluntad (Dios usó a Potifar, al jefe de la cárcel, al jefe de los coperos y luego al mismo faraón).

José fue sacado de la cárcel apresuradamente para ser presentado ante el faraón. Estar en la cárcel y además sin una razón justa, es una crisis que vivieron varios siervos del Señor, sin embargo, Dios siempre les dio la victoria. Es bueno recordar cómo enfrentaron ellos la cárcel: José con integridad y diligencia, Pablo y Silas con adoración y alabanzas, Pedro y la iglesia primitiva con oración e intercesión, y todos fueron testigos del poder de Dios librándolos de su cautiverio ¡La manifestación del poder sobrenatural de nuestro Dios siempre superará el tamaño de nuestra dificultad!

José debe ir al faraón para interpretar sus sueños. Dios quiere usarnos en gran manera, sin embargo él desea trabajar primero en nuestro ser (carácter) y luego en nuestro quehacer (servicio). En José vemos la manifestación de los dones divinos, desde su adolescencia, tenía 17 años cuando fue vendido por sus hermanos y pasó trece años entre la casa de Potifar y la cárcel, lugares donde aprendió no sólo administración, sino perdón, tolerancia, humildad, sujeción, responsabilidad, etc, y desarrolló aún más el don recibido del cielo. Ahora el Señor, aprueba su aparición en público, y José tiene claro su lugar, pues dice a faraón: “No esta en mí; Dios será el que dé respuesta propicia al faraón”.

Reflexión final: Nuestra vida está en las manos de Dios, manos que nos protegen, manos que proveen, manos que nos conducen al propósito de vida y que nos forman, cómo las manos del alfarero. Por eso, avanza siguiendo a Jesús, él sabe lo que hace.

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