LA VIDA EN EL ESPÍRITU SANTO

La vida en el Espíritu Santo, Romanos 8:5-13. ESin títuloncontramos dos clases de personas: los que son de la carne y los que son del Espíritu. Los primeros cuya mente piensa en las cosas de la carne se ocupan de una vida pecaminosa, y los otros cuya mente piensa en las cosas del Espíritu se hallan ocupados en lo que da vida, es decir viven bajo la dirección y poder del Espíritu Santo. Los resultados son muerte para los que se ocupan de la carne, y vida y paz para los que se ocupan del Espíritu. Los que se ocupan de la carne no pueden agradar al Señor, pues ésta es rebelde y no quiere someterse a Dios…

Los que son de Cristo (nacidos de nuevo) tienen al Espíritu Santo, y esto es garantía de que así como Dios resucitó a su Hijo Jesús también vivificará el cuerpo mortal de los creyentes, esto nos habla de aquel cuerpo inmortal y glorioso que Dios otorgará a cada uno de sus hijos en un abrir y cerrar de ojos.

Estas verdades hacen que seamos deudores no a la carne sino al Espíritu, y cuando por el Espíritu hacemos morir las malas acciones y deseos del cuerpo, viviremos. No sólo experimentaremos vida eterna en el futuro, sino que ahora podemos vivir la vida abundante y sobrenatural que Cristo ha venido a traer a los hijos de Dios.

Los hijos de Dios son guiados por el Espíritu Santo, Romanos 8:14-17.     

El pasaje declara una característica que debe existir en los hijos de Dios: “ser guiados por el Espíritu Santo”. “Guiados” es un verbo que aparece originalmente en presente y pasivo, esto quiere decir que es el cristiano quien debe permitir ser guiado por el Espíritu.

Al nacer de nuevo hemos recibido un espíritu de adopción y no de esclavitud, significa esto que la mente de esclavitud que genera temor es reemplazada por el espíritu de adopción que nos capacita para acercarnos a Dios como Padre y desarrollar una comunión íntima y genuina, y es precisamente por esto que el Espíritu Santo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.

A los hijos de Dios y a la creación les aguarda una gloria maravillosa, Romanos 8:18-25.

Las aflicciones presentes no son comparables con la gloria que nos espera. Por aflicciones entendemos persecuciones, rechazos por la fe, la lucha con las pasiones del cuerpo, etc. Debemos tener presente que así como el Señor Jesús caminó en la tierra en un nivel de gloria, Dios Padre también ha diseñado que sus hijos caminen aquí con ciertos niveles de gloria. Podemos recordar también el caso de Moisés cuyo rostro resplandecía impactado por la gloria de Dios en cuya presencia había estado.

La creación misma espera la manifestación gloriosa de los hijos de Dios pues esto le trae libertad de la corrupción a la que está sujeta, ya que la tierra fue diseñada para ser administrada por los hijos de Dios. Por eso la creación gime y aún nosotros mismos que tenemos al Espíritu Santo esperando la redención de nuestro cuerpo, para vivir con un cuerpo glorificado libre de la muerte, enfermedad, aflicción, dolor, rebelión y de todo resultado del pecado.

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria.

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