La Cena del Señor | Velo de la Mujer según la Biblia

2El apóstol Pablo enseña a la iglesia en Corinto temas sobre los que se estaban presentando desordenes en la iglesia local. Guiado por el Señor el apóstol trae claridad a los creyentes. Es fundamental reflexionar en la palabra de Dios, la cual nos alimenta e ilumina para avanzar por el camino correcto…      

a) El velo de las mujeres.

1) 1 Cor. 11:1. En éste versículo el apóstol Pablo nos desafía a seguir su ejemplo. Sin duda alguna debe tenerse un estilo de vida intachable para motivar a otros a seguirlo. La palabra imitar usada aquí viene de un término griego “mimetes” cuya raíz origina nuestra palabra mimo (podemos recordar aquí aquella figura del teatro o en la calle que duplica o repite todo lo que otros hacen). Sin duda lo que le da fuerza a Pablo para decir esto es que él es un imitador de Cristo, precisamente Jesús es la más grande fuente de inspiración.

2) 1 Cor. 11:2-6. Pablo comienza alabando a los hermanos fieles de Corinto, ellos guardaron y observaron las instrucciones que les había dado. Inmediatamente después expone sus razones respecto al uso del velo con el que se cubrían las mujeres en el culto. En primer lugar enseña que Cristo es cabeza del varón, y el hombre es cabeza de la mujer. Esto no implica desigualdad, pues ambos son hijos de Dios en Cristo.

3) 1 Cor. 11:7-12. Ahora el apóstol expone el diseño en la creación, en el que afirma cuestiones como: el hombre fue creado primero, la mujer procede del varón inicialmente y fue creada a causa del hombre. En el versículo 12 concluye que ambos, varón y hembra, proceden de Dios, pues “así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios”. Podemos además concluir aquí que éste orden para nada da libertad al hombre para menospreciar o lastimar a la mujer, por el contrario al venir ambos de Dios, debe tratarla como a vaso frágil, como a coheredera de la gracia de Dios.

4) 1 Cor. 11:13-16. Pablo concluye aprobando el uso del velo en el culto público. Cosa que no debe ser impuesta, ni motivo para contender. Sin embargo es necesario tener en cuenta que el apóstol vive un momento puntual en la historia y en la cultura de su época, y practicar esto hoy en nuestra cultura occidental como una imposición sería altamente problemático.

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b) Abusos en la Cena del Señor.

1) 1 Cor. 11:17-19. Este acto (la Cena del Señor) era público, y se estaban presentando desordenes que avergonzaban el Nombre del Señor. Por el contrario el apóstol les dice: “en esto no os alabo… pues os congregáis para lo peor”, es decir por su mala conducta es vez de reunirse para ser bendecidos y edificados, se estaban reuniendo para traer juicio sobre ellos. Se nos dice que había “divisiones” y “disensiones” es decir se formaban grupos con pensamientos y conceptos diferentes.

Esto se debía a que los ricos se reunían primero o llegaban antes que los demás, y se comían los mejores platos y así no tenían que compartir con otros. Este comportamiento era un atentado contra la unidad de la iglesia, y quienes no participaban de esa acción eran “aprobados” esto es aquellos que con verdadera madurez espiritual no generan contienda, ni competencia, sino que con rectitud y justicia se conducían.

2) 1 Cor. 11:20-22. Se reunían para comer, pero eso no era tomar la Cena del Señor. Debemos tener presente aquí que en la iglesia primitiva antes de tomar la Cena del Señor, había una comida en común llamada “ágape” (recordemos que éste término es griego y hace referencia al más noble y alto amor). Pero éste amor no quedaba en evidencia en la práctica, pues lamentablemente algunos se adelantaban a comer su propia cena, algunos se embriagaban, y dejaban con hambre a otros.

Con éstas acciones provocaban varios pecados: Menospreciaban la iglesia de Dios (no era una reunión social, ni un grupo cualquiera, era de Dios). Con indiferencia estaban provocando vergüenza a los de pocos recursos. Era un acto que atentaba contra la unidad de la iglesia.

c) Institución de la Cena del Señor.

1) 1 Cor. 11:23-26. En primer lugar Pablo dice: “Yo recibí del Señor” lo que nos deja ver que el mismo Señor Jesús le enseñó al apóstol. En aquella cena el pan se distribuía primero y luego la copa, pues precisamente primero se hizo carne y luego derramó su sangre. La frase “es mi cuerpo” no quiere decir que el pan literalmente sea el cuerpo de Jesús, sino que lo representa, norma que aplica de la misma manera para la copa.

2) La expresión “por vosotros” nos recuerda el sentido de su sacrificio, y “en memoria” implica una acción que va más allá de un recuerdo, es una experiencia viva en la presencia de Dios. El nuevo pacto nos recuerda que lo viejo ha quedado atrás, y que éste es mejor por cuanto está hecho sobre mejores promesas basadas en la sangre del Cordero perfecto.

3) Es muy importante tener en cuenta que cuando el Señor Jesús compartió la cena con sus discípulos sólo estaba con ellos en el aposento alto, también allí el Señor les dio una serie de enseñanzas o revelaciones muy importantes, pues era la última noche con ellos. Este acto no fue con las multitudes. Esto nos recuerda que participar de la Cena del Señor es un momento no sólo de revelación e intimidad con Dios, sino que fortalece la misma.

4) Pablo nos dice además que todas las veces que tomemos la Cena del Señor, anunciamos el sacrificio de Jesucristo, mensaje central de nuestra predicación y también anunciamos la bendita esperanza: Jesucristo nuestro Señor vuelve. Entonces en la Cena del Señor miramos atrás (por lo que hizo en la cruz) y adelante porque esperamos su venida. Es por todo esto que la Cena debe estar llena de gratitud y amor por Dios.

d) Tomando la Cena indignamente.

1) 1 Cor. 11:27-33. Participar indignamente no hace referencia a la persona que participa, sino más bien a la manera en que lo hace. Debe cuidarse para no hacerlo de manera indiferente, egoísta e irreverente, sin intenciones de apartarse de las malas conductas, aceptando el perdón de Dios y su poder transformador. El participante debe discernir es decir “juzgar rectamente” reconociendo la unidad del cuerpo de Cristo.

2) Es muy importante examinarnos a nosotros mismos, es decir para no ser condenados con el mundo impío, el creyente debe evaluar su corazón, arrepentirse, recibir el perdón de Dios y apartarse de lo malo. Los creyentes corintios deben conducirse rectamente y con humildad de corazón, pues el objetivo de cada reunión es que todos sean bendecidos.

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria. La Cena del Señor | Velo de la Mujer según la Biblia.

Te invitamos a leer: “ME GOZARÉ EN DIOS”. 

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