La Profecía según la Biblia

Sin título1) El don de la profecía: Acerca de éste don hay muchas cosas necesarias e importantes que estudiar, pues además estamos en los postreros tiempos. No debemos menospreciar la profecía sino capacitarnos para discernirla (juzgar) de manera correcta, pues la Escritura misma nos dice en 1 Tesalonicenses 5:20-21 “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo, retened lo bueno”.

La definición del término profecía. Se traduce del griego “profeteia” que también significa: “Proclamación de la mente y consejo del Señor”.

Este significado nos deja ver y concluir varias cosas importantes: 

a) La profecía no es en primer lugar predicción (esto lo vemos esto por ejemplo en el ministerio de Juan el bautista, quien fue principalmente uno que anunciaba a Cristo. En el Nuevo Testamento la profecía es básicamente una proclamación de la voluntad divina).

b) La Escritura es en sí misma profecía, ella fue escrita por personas inspiradas por el Espíritu Santo de Dios y allí encontramos el consejo del Señor, por eso nos dice: “tenemos la palabra profética más segura” 2 Pedro 1:19-21. La Biblia es un libro profético.

c) Vemos también que en el Antiguo Testamento así como en el Nuevo se nos enseña el valor de discernir estos mensajes (como hacían los hermanos de Berea, quienes después de oír la enseñanza iban a sus casas para escudriñar la Escritura y confirmar lo que se les había enseñado, Hechos 17:11 “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así”).

Cuando estudiamos el don de la Profecía, debemos hacer claridad entre el don propiamente dicho y el ministerio del profeta que en la Escritura aparecen diferenciados. No debemos confundir el don de profecía con los profetas del Antiguo Testamento.

Éste don (el de la profecía) es nuevo y específico del Nuevo Testamento dado a la iglesia del Señor para edificación y bendición de la misma.

Otra cosas muy importante es no debe confundir la predicación con la profecía, pues se anula la sobrenaturalidad al don profético (tengamos claro que la predicación proclama, expone la Escritura, la profecía dice lo que Dios está diciendo de manera expresa y específica). Puede ocurrir que mientras se predica, se profetice, entonces estaría operando el don profético en la predicación.

La Biblia nos enseña que cualquier persona puede tener el don de profecía y ser usado por Dios, pero esto no quiere decir necesariamente que sea un ministerio de Profeta. Veamos por ejemplo Hechos 21:8-11, donde vemos algunas diferencias entre el don y el ministerio del profeta: Dios revela que hay mayor autoridad y fuerza en el oficio que en el don.

Hechos 21:8-11 “Al otro día, saliendo Pablo y los que con él estábamos, fuimos a Cesarea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, que era uno de los siete, posamos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban. Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles”.

Lucas, el escritor del libro de los Hechos nos dice que las hijas de Felipe “profetizaban” (podían hacerlo por el don) pero Agabo era un profeta, éste era su ministerio y es a través de éste que el Señor le habla a Pablo. Entonces el don de la profecía les permitía a ellas servir en su iglesia local y continuar con su vida diaria en casa, mientras que el oficio o ministerio le demandaba a Agabo servir a Dios de tiempo completo, él estaba consagrado o dedicado a ese ministerio.

El don de profecía y sus bendiciones:  

La profecía habla a los hombres de manera sobrenatural (“Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” 1 Corintios  14:3).

La Iglesia es edificada.

Hay exhortación (esto es la profecía anima, alienta, conforta, impulsa a seguir un camino).

Trae consuelo a la Iglesia del Señor.

Todos en la iglesia son enseñados (“Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados” 1 Corintios 14:31).

La profecía convence al no creyente y evidencia los secretos de su corazón (1 Corintios 14:21-25).

El apóstol Pablo enseña que el que profetiza es responsable por el uso de éste don y tiene control sobre él, también exhorta a que sea ejercido en orden. Profetizar básicamente significa hablar por otro, en éste caso es hablar de parte del Señor.

 Principios que debemos tener cuenta respecto al don de la profecía:     

a) La profecía debe edificar, exhortar y consolar, 1 Corintios 14:3.

“Más el que profetiza, habla a los hombres para edificación, y exhortación, y consolación”.

La edificación tiene que ver con un mensaje que produce crecimiento a la iglesia.

La exhortación es apremiar, impulsar para seguir un curso de conducta, por ejemplo: Hechos 14:22 “confirmando el alma de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe; y diciéndoles que es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”.

La consolación: es alivio, aliento, consolación de manera entrañable, consuelo para el hijo de Dios quebrantado y fatigado.

b) La profecía debe ser juzgada, 1 Corintios 14:29 “Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen”.

Se nos enseña en la 1 Corintios 13:9 que la profecía no es completa, y según 1 Tesalonicenses 5:20-21, no se debe menospreciar, sino juzgar, esta palabra significa: discernir, examinar. En la versión de la Biblia N.V.I. dice: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba”. Las visiones, sueños o mensajes proféticos deben ser examinados a la luz de la palabra de Dios y por el testimonio del Espíritu Santo que mora en cada creyente.

La Biblia nos enseña que en la iglesia de Corinto había desorden, y precisamente por esto Dios establece un orden, 1 Corintios 14:30-32,40 nos dice la Escritura “decentemente”, el término indica: honestidad, con gracia, manera apropiada, noble, bien formado, honradez (en contraste con la vida desordenada de los gentiles).

c) La profecía viene para confirmar aquello que el Señor ya ha venido diciendo al espíritu o corazón de sus hijos.

d) La palabra profética o mensaje del Señor conserva la naturaleza de él mismo, 1 Corintios 14:33 “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz”.

La profecía o mensaje de Dios contiene los elementos de la esencia misma del Señor, como su amor, su paz, su verdad, su pureza, entre otros. La profecía no da ministerios, ni dones espirituales (lo que hace es confirmarlos), tampoco “revela” el número de la lotería, ni te manda a desobedecer la Palabra de Dios, la palabra profética no confunde, ella trae luz y paz que viene de Dios mismo.

Escrito por Pastor Gonzalo Sanabria. – La profecía según la Biblia –

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