El rollo y el Cordero, Apocalipsis 5

Devocional El libro sellado con siete sellos, Apocalipsis 5:1-5.

 Y vi en la mano derecha del que estaba sentado sobre el trono un libro escrito por dentro y por atrás, sellado con siete sellos. Y vi a un ángel fuerte proclamando en alta voz: ¿Quién es digno de abrir el libro, y de desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.

Y yo lloraba mucho, porque ninguno fue hallado digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores; he aquí el León de la tribu de Judá, la raíz de David, que ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos”.

El Padre celestial tiene en su mano derecha éste libro, enseñándonos que es muy importante para él. Este libro es muy particular, pues además está escrito por dentro y por fuera, indicando no sólo mucha información, sino la importancia de todos los detalles allí contenidos…

Antiguamente los rollos se escribían por un solo lado. Eran sellados con cera o parafina para guardar la privacidad de la información hasta que la persona indicada y autorizada desatara el sello y abriera el rollo o libro.

¿Por qué este rollo tenía siete sellos? ¿No era suficiente con uno o dos sellos? En aquel tiempo los siete sellos en un rollo indicaban que era un documento legal testamento de otra persona, por eso el Padre se lo entrega al Hijo. Éste libro entonces es el título de propiedad de la tierra, y declara como Jesucristo recuperará y establecerá su gobierno en la tierra.

Un ángel poderoso con voz fuerte pregunta ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Pasaron revista en el cielo, en la tierra y debajo de ella, y nadie apareció (ningún ser angelical del cielo, ni ningún hombre en la tierra, ni otro ser fue hallado digno), ninguno podía abrir el libro ni siquiera mirarlo, y el apóstol Juan lloraba mucho, la decepción en su corazón era inmensa, no aparecía nadie digno.

Y entonces uno de los ancianos le dice a Juan: “no llores, el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus sellos”. ¿Cuándo venció?  Cuando dio su vida por nosotros en la cruz y resucitó, y venció por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte esto es a diablo, y tomó las llaves de la muerte y del Hades. Por eso toda la gloria es de Dios.

 

El Cordero inmolado toma el libro, Apocalipsis 5:6-7.

Y miré; y, he aquí, en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, que son los siete Espíritus de Dios enviados a toda la tierra. Y Él vino, y tomó el libro de la mano derecha de Aquél que estaba sentado en el trono”.

Es muy interesante que aunque el anciano le ha dicho a Juan que el León de la tribu de Judá ha vencido, cuando el apóstol mira al digno de abrir los siete sellos ve a un Cordero como inmolado, con siete cuernos y siete ojos.

Sin duda alguna hace referencia a Jesucristo el Señor y a su obra redentora en la cruz. La palabra “inmolado” aquí se traduce del término griego “sfazo” que además significa: muerte, ejecución, es una referencia al sacrificio de una víctima.

Se nos describe además diciendo que “tenía siete cuernos y siete ojos”. El número siete en la Biblia indica perfección y plenitud. El cuerno en la Escritura simboliza autoridad y poder; entonces los siete cuernos indican el pleno poder y autoridad de Cristo.

Los siete ojos son “los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”. Los ojos nos hablan de toda la omnisciencia de Cristo, quien todo lo sabe y todo lo ve; así como los siete espíritus de Dios indican la plenitud del Espíritu Santo en la vida del Cordero.

 

La adoración de los cuatro seres vivientes y de los veinticuatro ancianos, Apocalipsis 5:8-10.  

Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero, teniendo cada uno arpas, y tazones de oro llenos de perfumes, que son las oraciones de los santos. Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Apenas el Cordero toma el libro los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postran para adorar a Jesucristo,

Se destacan aquí dos elementos en la adoración: el arpa y las copas de oro. El arpa era un instrumento musical muy utilizado en Israel para adorar a Dios, y fue uno de los primeros instrumentos creados por el hombre.

Las copas de oro estaban llenas de incienso. El incienso era una sustancia aromática que se preparaba y era quemada como ofrenda en el tabernáculo y en el templo. El incienso vino a ser símbolo de las oraciones del pueblo de Dios, por eso en el Salmo 141:2 dice: “Suba mi oración delante de ti como el incienso”.

Entonces las oraciones de los santos (pueblo de Dios) habían sido acumuladas en copas de oro en el cielo en la presencia de Dios. Esto nos recuerda que nuestras oraciones no son en vano, solo que el Señor sabe muy bien cuándo y cómo responderlas.

El cántico que se describe en los versículos nueve y diez revela que es entonado por aquellos que han sido redimidos por Jesucristo, aquellos que comprenden el valor de su sangre y ahora tienen el honor de ser reyes y sacerdotes para Dios, además dice “y reinaremos sobre la tierra”.

Entonces el sacrificio de Jesús nos libró a nosotros del juicio eterno, y la dignidad del Cordero nos permitió reinar a nosotros con él. Nuestra mente difícilmente comprenderá un día el inmenso amor de Dios para con nosotros.

 

La adoración al Cordero, Apocalipsis 5:11-14.

“Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y el número de ellos era millones de millones, que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza.

Y oí a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos hay, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, y la honra, y la gloria y el poder, por siempre jamás. Y los cuatro seres vivientes decían: Amén. Y los veinticuatro ancianos se postraron y adoraron al que vive por siempre jamás”.

En el versículo once Juan escucha la voz de millones y millones de seres adorando a Dios. Sabemos que los seres vivientes son cuatro, y que los ancianos son veinticuatro, y todo el resto millones de millones son ángeles adorando al Cordero.

En el versículo doce se exalta al Cordero como digno de recibir siete dones u honores: poder, riquezas, sabiduría, fortaleza, honra, gloria y alabanza; y ya que el número siete indica “plenitud” el cántico nos dice que Jesucristo es digno de recibir todas las cosas y toda la herencia, pues él es Dios verdadero y digno de toda adoración.

El versículo trece nos enseña que toda la creación se levanta para adorar al Cordero. Esto no sólo nos enseña que la atmosfera del cielo es de completa adoración, sino que todas las cosas visibles e invisibles que hay en los cielos y en la tierra, fueron creadas por medio de él y para él (Colosenses 1:16), a quien se le da adoración por los siglos de los siglos.

 

 

 

 

 

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